ARTE PARA SANAR

Pararse frente a una cámara fotográfica para no dar la mejor impresión de sí mismo, resulta intimidante. Se trata de recibir instrucciones desafiantes y encima de ello obedecer al fotógrafo. Es casi un agravio contra la vanidad. Vivirlo, se convierte en una experiencia inédita. El testimonio del participante suele centrarse en anécdotas de la sesión: «me pusieron a flotar», «me dijeron que gritara» o «estuve metido en un pozo profundo.

Luego viene lo inexplicable, cómo transmitir la catarsis que produce la vivencia de la Fototerapia. Cómo cuento que luego de haber volado, llorado, dormido o abrazado a un desconocido, me siento tan a gusto. Estos happenings fotográficos o sesiones anti-foto, proponen un viaje hacia la imaginación de los participantes. Se trata de un tránsito intenso y liberador seguido de un estado de bienestar emocional y corporal. Y luego, haciendo honor al quehacer primario del arte fotográfico, al participante le queda su cliché de recuerdo. 

Estas redentoras experiencias tienden a mejorar el día de las personas. No contamos aún con las evidencias científicas que confirman lo que ocurre a nivel celular dentro del organismo de las personas, pero va de la mano del desahogo relacionado con asistir a un concierto, pintar un cuadro un domingo, bailar, cantar o dejarse llevar por una pintura abstracta; y que eso que «no comprendemos», se convierta en una experiencia intima que nos abra nuevos portales a otros entendimientos del misterio de la vida.

 

El arte es el medio de comunicación más eficiente y honesto que conocemos: es independiente, no maneja intereses y defiende desde sus inicios prehistóricos, desde las cavernas, la libertad de expresión. El arte nos cuida, nos permite liberar endorfinas, nos protege, nos permite navegar por este mundo con la certeza de que somos más que fichas en el juego político y corporativo de intereses nacionales y globales. El arte nos permite ayudarnos, mejorarnos, ayudar a otros, actuar en colectivo, apreciar en sociedad, pensar y proceder colaborativamente.

 

Una experiencia como la vivida con el colectivo efímero y espontáneo que participó en Arte para Sanar con Mantuano Chocolate, Salud para Venezuela, Ekipao y Radio Arte Venezuela, es una muestra de ello. Haber registrado la intimidad y entrega de este grupo de participantes, fue una experiencia memorable. Y que ese grupo de gente se haya unido para ser parte de un proyecto que se tradujo en renovar la salud de personas que se encuentran al otro lado del planeta, entonces, el Arte es para Sanar.

 

Dalia Ferreira 

Arte para sanar de Mantuano Chocolate
Mantuano Arte para Sanar